Lo que se apunta en un cuaderno cuando ya no hay excusa
El Koen-dori estaba casi vacío a las nueve de la mañana, ese tipo de vacío que no es tranquilo sino que simplemente no ha arrancado todavía, con un señor mayor barriendo la acera delante de una ferretería con parsimonia absoluta, como si el polvo no fuera a ningún sitio y él tampoco. Me quedé parad…