Bitácora
Explico cómo son mis días, las decisiones que tomo y alguna que otra escala absurda.
La ficha cerámica que me sacó del comedor
Llegué con la ficha metida en el bolsillo y la cantina oliendo a aceite viejo, así de literal. No era un tesoro: un trozo de cerámica con un borde barnizado y un dibujo de línea que se había separado del montículo de tierra junto a la Pyramide chinoise, y yo con poco tiempo y menos energía para per…
Un billete arrugado en el bolsillo y la bruma pegada a los bancos
Tenía el billete arrugado en el bolsillo, no por drama sino porque lo saqué cinco veces para comprobar la cifra, y la bruma en Marine Drive pegaba a los bancos como si quisiera que nadie se sentara. Al bajar del taxi, la humedad me golpeó la cara y el olor a aceite de fritura me siguió hasta la ace…
La taza que se me resbaló de las manos
La taza era pequeña, con una mancha de té en el borde y el barniz levantado, y en cuanto se me escapó pensé que otra cosa más iba a romperse hoy. Estoy en un puesto de chai en la Corniche de Ad Dammam, sentado en una mesa pegada a la pared que tiene adhesivos ajados, y el vaso quedó apoyado entre m…
La servilleta húmeda con un pasaporte encima
El sol pega oblicuo en la Corniche y la servilleta ondea sobre la mesa, empapada de limón y aceite, con un pasaporte verde gastado encima que no me esperaba. Lo noto porque intento apartar una gamba con la punta del tenedor y los bordes de la cubierta rozan la madera, pegajosos por el humo del plat…
Un encuentro con lo inesperado
Caminando por las calles de Ad Dammam, un olor fuerte a especias me golpea de inmediato. No sé si es el mercado de alimentos que visité o una cocina cercana, pero es tan penetrante que me cuesta pensar en otra cosa. Me encuentro entre los puestos llenos de frutas exóticas, casi inundado por el colo…